Autores: Aldana Argüello Valenzuela y Carlos Antonio Buscarini.
Aldana Argüello Valenzuela y Carlos Antonio Buscarini
Universidad de Buenos Aires
psiarguellovalenzuela@gmail.com
cabuscarini@juan23.edu.ar
Resumen: El siguiente artículo será un diálogo entre autores sobre el mítico legado de Papusza –primera poeta romaní de la que existe registro– indagando en sus obras poéticas, la experiencia del cuerpo, el hábitat del espacio y su relación con la subjetividad. Elaboraciones de la misma Papusza, así como reconstrucciones de su vida por Melissa Cicchetti e Isabel Fonseca, además de las referencias a la fenomenología de Edmund Husserl y Martin Heidegger, hasta llegar a Sigmund Freud y Jacques Lacan, serán cruciales durante el recorrido. Este trabajo buscará a su vez ser una puesta en valor más de la enorme herencia artística de Papusza, así como se pretenderá que signifique un aporte a la construcción de la memoria colectiva del pueblo Rom.
Palabras clave: Papusza, Rom, hábitat, subjetividad, Holocausto, poetizar
Abstract: The following article will be a dialogue between authors on the mythical legacy of Papusza—the first recorded Romani poet—exploring her poetic works, the experience of the body, the habitat of space, and its relationship to subjectivity. Papusza’s own elaborations, as well as reconstructions of her life by Melissa Cicchetti and Isabel Fonseca, along with the work of Edmund Husserl, Martin Heidegger, Sigmund Freud and Jacques Lacan, will be crucial throughout this exploration. This work will also seek to further highlight Papusza’s enormous artistic heritage and contribute to the construction of the Romani people’s collective memory.
Keywords: Papusza, Rom, habitat, subjectivity, Holocaust, to poeticize
Introducción
Este trabajo es el entrecruzamiento de dos caminos, dos caravanas de pensamiento al mejor estilo romaní que se encontraron en una misma mesa de exposiciones. Los escritores de este artículo se conocieron durante el XVII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología de la Universidad de Buenos Aires en 2025, contingencia afortunada del destino que hizo que sus plumas se unieran. Carlos se encontraba presentando su escrito “La corporalidad y el habitar según la cultura” [1], y Aldana presentaba “Papusza, una po-ética gitana: entre la condena y la libertad” [2]. Los puntos de consonancia y sincronías entre ambos escritos fueron más que evidentes. Días después del Congreso, una serie de cartas por mail siguieron, entrelazando algunas ideas sobre cuerpo, espacio, y hábitat en torno a la cultura romaní y las poesías de Papusza. A lo largo de los intercambios se sostuvo que sus versos son el testimonio del vivenciar un tiempo y un espacio determinados, a la vez que la experiencia subjetiva de la escritura configura el cuerpo mismo del sujeto, cuerpo simbólico armado de lenguaje y de discursos que difiere del organismo puramente “vivo”.
Papusza, que en polaco significa “muñeca”, fue el nombre artístico de Bronislawa Wajs (1908/1910 – 1987). Nacida en Lublin, Polonia, fue una cantante, bailarina y adivina, pero fue más conocida por ser la primera poeta gitana (romaní) en la historia en publicar sus obras de manera escrita. Siguiendo las costumbres romaníes, creció de manera nómada formando parte de un tabor artístico, caravana familiar andante que performaba de pueblo en pueblo canciones y danzas típicas rom. La cultura romaní se caracterizó por muchos años en dos aspectos: fue nómada, es decir, fue desplazándose sin lugar fijo donde establecerse; y fue estrictamente oral, modo que tenían de transmitir sus historias y su pasado. La habilidad de Papusza para la danza y el canto fueron evidentes desde que era pequeña, pero fue cerca de los once años que una curiosidad intensa comenzó a habitarla: el deseo de leer y escribir. A través del canje de libros o pollos, a niños judíos para que le enseñaran a leer y escribir en secreto, de pueblo en pueblo [3], en combinación con una destreza autodidacta, Papusza poco a poco fue aprendiendo letra por letra y a escribir en polaco. Posteriormente, a los dieciséis años, se casa con un miembro del tabor, veinticinco años mayor que ella. Cuando Jerzy Ficowski, escritor y partisano del Ejército Nacional Polaco, encuentra asilo en su tabor lejos de la persecución nazi, descubre sus poemas. Ficowski se emociona por la belleza de los mismos y al descubrir que no existía ningún poema de gitanos romaníes publicados de manera escrita hasta el momento, la insta a publicar sus escritos, siendo reconocida en la prensa de la época como la “primera poetisa gitana”. Cuando su tribu se entera de las publicaciones, es sometida a juicio con la autoridad principal de su comunidad; declaran su expulsión de la misma, lo que se suma a la simultánea expulsión del espíritu europeo que los romaníes venían sufriendo por parte de los nazis (id.). La comunidad romaní, dentro de su código oral, consideró los escritos de la poetisa como una traición y revelación de sus propios secretos, considerando su acto como una transgresión más que como una creación artística. Es esta doble expulsión simultánea la que tiene que atravesar Papusza.
¿Cómo condiciona una cultura el cuerpo y el habitar el espacio? ¿Cómo se fue configurando el habitar de Papusza dentro y fuera de su comunidad? ¿Cómo afectó psíquicamente a Papusza la doble expulsión que tuvo que atravesar? ¿Y en su habitar el espacio? ¿Qué valor cobra su arte de la escritura aquí? Interrogantes que serán abordados de diferentes ángulos a lo largo del texto.
Bronisława Wajs "Papusza"
Los Rom y el constante movimiento. ¿Cómo es el habitar para el mundo romaní?
La familia de Papusza
En la Conferencia pronunciada en la asociación de Cultura de Viena, el 7 y el 10 de mayo de 1935, Edmund Husserl se refiere a los gitanos: “¿Cómo se caracteriza la estructura espiritual de Europa? Es decir, Europa entendida no geográfica o cartográficamente, como si se pretendiera circunscribir el ámbito de los hombres que conviven aquí territorialmente en calidad de humanidad europea. En el sentido espiritual pertenecen manifiestamente también a Europa los Dominios Británicos, los Estados Unidos, etc., pero no los esquimales ni los indios de las exposiciones de las ferias ni los gitanos que vagabundean permanentemente por Europa” [4].
Tal vez resulta algo dura la expresión ‘vagabundear’, pero el término significa un estilo de vida sin un destino claro, donde los principales impulsos para desplazarse son la libertad y la necesidad. Actualmente se sabe que el origen de los romaníes está en la zona del Valle del Indo, cerca del Punjab, India, pero no es casualidad que estas conceptualizaciones aparezcan en períodos donde se ejercían las primeras democracias y ya había sucedido la Primera Guerra Mundial, habiendo sido el puntapié inicial de los nacionalismos en la región. Y quizás esa tendencia al sedentarismo de occidente tenga más bien que ver con formas de producción y control social que se gestaban en ese entonces. La persecución a la población romaní es de data histórica, y quizás este sea también uno de los factores de su constante desplazamiento:
Cómo quería
plasmar con mis poemas
la vida nómada.
No dejaban vivir a los gitanos
y nos llamaban perros.
Yo, pobre gitana, 1950 [5].
Según Paul Ricoreur, “el habitar se compone de ritmos, de pausas y movimientos, de fijaciones y desplazamientos. El lugar no es solamente un hueco donde poder establecerse, (…) sino también un intervalo que hay que recorrer” [6]. En este punto, se podría hablar de la filosofía del habitar romaní del propio espacio como una danza, ya que no se habita sin ese intervalo que recorrer, ese desplazamiento en el vacío que realiza el cuerpo a través del movimiento. Se habita en el movimiento.
Ya que la matriz del nomadismo es estar en constante desplazamiento, se suelen alzar tiendas desmontables para asentarse brevemente entre los trayectos. “Pittard describe como tienda habitual la de dos aguas, formando techo, pero también las hay cónicas o semicirculares y abiertas a un costado. (…) Y las hay aún más sencillas: un par de palos apoyados en unas matas y recubiertos con un trozo de tela” [7]. Tal como en el juego de la cueva de los niños de todas las latitudes, los romaníes replicaban el modo de campañas desmontables.
Las persecuciones nazis hacia el pueblo rom
Pero estas ansias de andar sin ataduras se vieron coartadas con la llegada del Tercer Reich. El exterminio de los cíngaros figuraba en el programa nazi para Alemania. Una disposición del 14 de diciembre de 1937 vino a agravar la situación de aquel grupo humano al calificarlos de “criminales inveterados”. En 1938, Heinrich Himmler –jefe de la Gestapo y de la policía– intervino personalmente para ordenar el traslado de la Central Nacional de Cuestiones Gitanas de Munich a Berlín. En su libro L’Allemagne et le génocide, el historiador Joseph Billig distingue tres formas de genocidio: por supresión de la capacidad de procrear, por deportación y por exterminio [8]. En el tratamiento hacia los romaníes, se cumplieron los tres escenarios. La forma en que los rom llaman al genocidio es el Porraimos (devoración) o Samudaripen (La Gran Matanza). Las leyes de Nüremberg extirparon de todo derecho ciudadano a los romaníes “en defensa de la sangre alemana y el honor”. Con la Z de Zingeneur (Gitano), fueron esterilizados en campos de concentración y más de 250 niños gitanos sufrieron experimentos que los llevaron a la muerte.
El 2 de agosto de 1944, las cámaras de gas de Auschwitz fueron encendidas y casi 4.000 personas de la colectividad fueron asesinadas en lo que se recuerda como la “Zigeunernacht”: la Noche de los Gitanos. “La brisa arrancaba vida al bosque, aroma a resina de pino, que disimulaba el olor a matadero. Antes de salir el sol, los cuatro mil gitanos del convoy fueron gaseados e incinerados” [9]. Así, tres cuartas partes de la población rom europea fue asesinada por el nazismo; estimaciones aseveran que el número asciende a más de medio millón de zíngaros. El doloroso recuerdo de Papusza relata su huida de los bosques, la angustia de alejarse de “su padre”.
“En la ciudad no había vida para los gitanos
y en el campo habitaba la muerte, nos mataban.
¿Qué hacer? Las mujeres gitanas huimos con los niños
lejos del bosque
para que no nos encontrasen los perros alemanes”
Canción triste, 1951 [10].
Bronisława 'Papusza' Wajs con su hijo Tarzanio
A partir de esta persecución quienes evitaron ser capturados fueron variando de la disposición de tiendas a optar por un recurso surgido un tiempo atrás: (…) “A fines del siglo XVIII, Grellmann describió chozas totalmente subterráneas que consisten en un foso de tres a cuatro metros de profundidad, con una tapa de varas entrecruzadas y cubiertas, a su vez, de paja o de hierba, con sólo una pequeña abertura para permitir la comunicación con el exterior” [11]. En el film de 2013 de Kos-Krauze y Krauze, Papusza, ocurre una escena en donde el tabor se oculta de una matanza nazi indiscriminada en los bosques y Dionizy, esposo de Papusza, sale ileso de una de esas chozas.
“El bosque, mi padre”
El bosque ha sido el hábitat por excelencia de los romaníes, ya sea por proporcionar seguridad ante las persecuciones políticas constantes, como para conectar con ciertas costumbres arraigadas a la naturaleza. Papusza y su esposo encuentran en estas huidas por los bosques a un niño huérfano polaco llamado Tarzanio, cuyos padres habían sido asesinados por oficiales de la SS. Se hacen cargo de su crianza, y para ese entonces ya había pasado el período de las persecuciones nazis, pero el régimen socialista dispuso el asentamiento obligatorio de los gitanos en Polonia. Si bien los gitanos no desean vivienda permanente, Papusza vio esto como una buena oportunidad para que Tarzanio se escolarice. Una vez dispuestos en una casa, Dionizy, en el film Papusza, en un ataque de ira, destruye la misma casilla, haciendo recordar el siguiente texto: “aun cuando mañana se derrumbara, seguirá siendo verdad para siempre jamás que la casa existió hoy” [12]. Este hecho se encadena al tema de la memoria:
“¡Oh pobres y grandes gitanos!
¿Cómo sobrevivís en este mundo
sin saber ni leer ni escribir?
Un día ya no estaréis,
la muerte os va llevando uno a uno.
Y no quedará nada de vosotros.”
Yo, pobre gitana, 1950 [13]
Una alusión al concepto de “bosque” para los Rom emerge con toda su potencia en una escena del film, en la que una Orden de la Oficina de Asuntos Internos aprueba el asentamiento de los romaníes. Se inicia una discusión en el grupo, en donde el Patriarca pide a Ficowski que se retire para tomar una decisión entre los del tabor. Hay quien ve conveniente aceptar las casas que se les den, pero otros se oponen. Dice una romaní: “nadie me va a decir que hacer con mis hijos”. Opina otro romaní: “Venimos de la tierra. Dormimos y comemos sobre ella. No necesitamos sus casas. Los bosques nos bastan”. Así viven su manera de ser en el mundo. La fórmula de Heidegger, “el ‘ser-ahí’ es ‘ser-en-el-mundo’”, escrita entre guiones, significa que hombre [ser-ahí] y mundo son correlativos; es inconcebible el uno sin el otro. Más aún, el hombre es hombre y es mundo. Por supuesto, usamos hombre en el sentido de ser humano.
Nosotros, una vez más, ponemos en paralelo ese sentimiento gitano acerca del bosque con nuestra comprensión de la fenomenología y citamos a la ensayista María Zambrano: “Y la visión lejana del centro apenas visible, y la visión que los claros del bosque ofrecen, parecen prometer, más que una visión nueva, un medio de visibilidad donde la imagen sea real y el pensamiento y el sentir se identifiquen sin que sea a costa de que se pierdan el uno en el otro o de que se anulen” [14]. Para Husserl es innegable que los sentimientos poseen una referencia intencional a un objeto: “el agrado o desagrado se dirigen al objeto representado, y sin esta dirección no pueden existir” (…) “la esencia específica del agrado exige la referencia a algo agradable” [15]. Se trata de auténticos actos de nuestros sentidos. Es así que la intencionalidad es, además de un pensamiento, un medio de la conciencia por el que se dirige a lo cognoscible y refiere lo presente a un contexto psicológico.
Portada del libro “El bosque, mi padre”, de Papusza (2019). Editorial Torremozas.
Poetizar el espacio y tiempo
La hermenéutica fenomenológica nos convoca en este punto. Martin Heidegger, figura cumbre de la filosofía en el siglo XX, afirma que “(…) Poéticamente habita el hombre…” [16]. Y señala que: “Sería burdo declarar inconciliables habitar y poetizar”. Pero, ¿cómo puede el habitar de todo hombre estar fundamentado en lo poético? Lo que habitualmente se llama habitar es tener un alojamiento. Poetizar es propiamente dejar habitar y el dejar habitar es un construir. El poetizar, antes que nada, pone al hombre sobre la tierra, lo lleva a ella, lo lleva al habitar” [17]. Continúa dicho pensador, ahora cuando examina la relación entre pensar y poetizar. “Entre ambos, pensar y poetizar, reina un oculto parentesco, porque ambos se usan y derrochan en el servicio del lenguaje para el lenguaje. Pero entre ambos existe a la vez un abismo, pues ‘habitan sobre las montañas más separadas’” [18].
Teniendo presente las circunstancias que tuvo que vivir Papusza, debemos repetir la pregunta del poeta del idealismo alemán Friedrich Hölderlin: “¿…y para qué poetas en estos tiempos de miseria?” [19]. Esta pregunta, por qué ser poeta en tiempos de penuria, y la relación entre pensar, la poesía, el habitar y el lenguaje, hacen que sea indispensable apelar a Sigmund Freud y a Jacques Lacan. A lo largo de su vida, Papusza fue desarrollando su escritura como un modo de ponerle palabras a su experiencia diaria, de desplazamientos, de naturaleza, de sentires. Freud en El creador literario y el fantaseo, señala que, en un primer momento, se juega en la infancia de un modo que luego se abandona para que pase en la adultez al terreno de la fantasía mental. Con palabras de Freud: “¿No deberíamos buscar ya en el niño las primeras huellas del quehacer poético? La ocupación preferida y más intensa del niño es el juego. Acaso tendríamos derecho a decir: todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada. Además, sería injusto suponer que no toma en serio ese mundo; al contrario, toma muy en serio su juego, emplea en él grandes montos de afecto. Lo opuesto al juego no es la seriedad, sino… la realidad efectiva” [20]. “Ahora bien, el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo de fantasía al que toma muy en serio, vale decir, lo dota de grandes montos de afecto, al tiempo que lo separa tajantemente de la realidad efectiva” [21].
La pérdida ante la catástrofe: arte e identidad
Es para destacar, en Papusza, la función de la escritura en el tratamiento de su doble expulsión simultánea –perseguida primero por las fuerzas nazis del estado por ser romaní, y luego expulsada por su propio tabor por sus poesías–. Este doble proceso la sometió a extensos períodos enmarcados entre el duelo y la melancolía, y si bien tienen sus diferencias, ambos según Freud son “(..) la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” (…). Pero a su vez Freud señala que “(…) en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía”. En el duelo, se asume que el objeto de amor se ha perdido y se emprende un arduo trabajo de pieza por pieza para quitar la libido depositada en el mismo y recuperarla hacia el yo, para luego depositarla en otros objetos. En la melancolía, la pérdida es inconsciente, sabe que perdió un objeto, pero no “qué” de ese objeto, y es así que la “sombra del objeto recae sobre el yo” mediante reproches u otras formaciones [22]. Es quizás a través del proceso particular de la sublimación que Papusza le pudo dar destino a la pulsión tanto sexual como de agresión (hetero como autodestrucción) en alguna producción que sea socialmente aceptada como lo son las obras artísticas [23], siendo el escribir un intento de duelo y anudamiento simbólico ante tanta pérdida. Tal como señala Isabel Fonseca, “las canciones de Papusza, como la mayoría de las canciones gitanas, eran angustiosos lamentos de pobreza, amor imposible y, más tarde, anhelo de una libertad perdida”.
En mi vejez
he aprendido a ser sensata. /
No volveré a pisar
donde estuvieron los gitanos bajo la oscura noche.
Donde los niños escuchaban
el canto nocturno de los pájaros de la muerte.
Ya no pisaré aquellos lugares gitanos de antaño, 1952 [25]
Si el hábitat ha podido acoger a familias enteras, según reglas de parentesco, estudiadas, entre otros, por Claude Lévi-Strauss, ¿qué hacer cuando se pierde el hábitat y las bases familiares que lo propiciaban? No hay que dejar de remarcar el impacto subjetivo que puede tener de la noche a la mañana ser despojada de todo derecho humano de habitar territorio polaco perseguida por las fuerzas policiales, y a su vez, ser desplazada de su círculo familiar de toda la vida. Ya el psicoanalista francés Jacques Lacan desarrolla en su texto Acerca de la causalidad psíquica (1946) que el yo no es una formación dada desde el nacimiento, que no es un dato de origen y que se forma ficcionalmente a partir de las interacciones con el entorno, más precisamente entre la imagen que se figura en el espejo y el baño de lenguaje con el que somos nombrados por el Otro. Cuando el niño prematuro asume la imagen del espejo como suya, se produce la identificación, acto psíquico que constituye al yo para Lacan [26]. Pero no es un acto psíquico que el niño logra por sí solo, sino que dependerá de la cultura y de un otro simbólico que lo sostenga y le señale que “ese que ve en el espejo, es él”. Luego, en los devenires de la vida adulta, el juego se tratará de si el Otro rodea con sus palabras a ese “yo” y lo incluye en su discurso, o si lo violenta o peor aún, lo excluye del mismo. El yo entonces se va formando de retazos de discursos del Otro. ¿Cómo puede repercutir en Papusza esta catástrofe subjetiva que se le abrió paso intempestivamente? ¿Qué efectos psíquicos puede tener esto?
El pensamiento como una danza, una posibilidad de movimiento
Señalamos una referencia a la potente idea poética del pensamiento como un espacio de desplazamiento para Papusza, a pesar de tantas prohibiciones, persecuciones y encierros. Aquí, la fenomenología hermenéutica nos permite afianzar los conceptos mencionados; lo hacemos a través de un estudio de Elsa Ballanfat, quien fundamenta sus afirmaciones con textos heideggerianos: “Para Heidegger, el pensamiento es danza y movimiento, porque es ritmo. El pensamiento también se espacia, tiene sus cadencias, sus momentos de repetición antes de que irrumpa un nuevo argumento, una nueva idea, igual que la voz de un solista destaca tras las partes orquestales” [27].
La capacidad creativa y la danza de las ideas fue un espacio que Papusza supo utilizar para hacer poesía de sus angustias, deslizándose en el mundo de la prosa como su pueblo danzaba nómade por tierras indómitas. “Así como el viento transporta polen y semillas de plantas y árboles extraños, y da variedad y vigor a la flora indígena, así guarda este pueblo en su memoria racial varias formas de conducta, arte popular, música y, quizá por encima de todo ello, un sentido intuitivo de las fuerzas naturales, que nosotros corremos el peligro de olvidar y perder en nuestra concepción urbana de la vida actual” [28].
En cuanto al romaní en comunidad, el tabor estaba en contacto durante el viaje con otras caravanas del mismo clan que viajaban siguiendo otras rutas. Dejaban señales en las encrucijadas, un manojo de palitos atados con un trapo rojo, una rama rota en un sitio determinado, un hueso con una muesca. A estas señales los gitanos polacos las llaman shpera (y en todos los demás sitios patrin u «hoja», desde Kosovo hasta Peterborough). Los aldeanos no tocan estas señales por miedo a que sean cosas del diablo [29]. Cuando Husserl estudia el acto social como acto comunicativo, se vale del siguiente curioso ejemplo: “gitanos que en un cruce de caminos ponen ramas para que sus compañeros encuentren el camino por donde se han ido” [30]. ¿Cuál habrá sido el motivo de la elección de este ejemplo? Sólo se nos ocurre una comparación, sin presuponer una motivación inconsciente: la filosofía es para Heidegger, explícitamente y para Husserl implícitamente un ‘ir de camino’, pues la fenomenología la ha concebido Husserl como tarea infinita entre la comunidad de fenomenólogos… La última escena del film Papusza, muestra la caravana de gitanos que se bifurcan en un cruce de caminos, mientras un texto de Papusza invita a la unión de todos los gitanos.
Nos parece oportuno insistir aquí con el hecho de la hospitalidad que el tabor, al que pertenecía Papusza, dio al poeta Fikowski, por ser ello algo tan complejo. Comentamos así, un texto imprescindible que invita a la reflexión. Jacques Derrida y Anne Dufourmantelle abordan el tema del extranjero no sólo como un individuo que proviene de otro país o territorio geográfico, sino como la figura que pone a prueba la ética, el derecho y la soberanía del hogar. Su sola presencia genera la pregunta fundamental de cómo nos relacionamos con la alteridad y el afuera. Respecto a cómo alojar a lo extranjero, proponen la hospitalidad no como un simple acto de cortesía ni una regla de buena educación, sino una aporía o contradicción irresoluble. Es una apertura ética hacia el «Otro», el foráneo, estructurada bajo una tensión constante entre dos dimensiones de la misma: la hospitalidad incondicional (la ley) que exige abrir las puertas de la casa o nación al recién llegado de manera absoluta, sin nombre, papeles, ni explicaciones. Significa hospedar al otro, sin imponer condiciones ni forzarlo a adaptarse a nuestra cultura o idioma. En cambio, la hospitalidad condicional (las leyes) es el marco real, jurídico y político de los Estados y sociedades. Funciona bajo normas, límites, pactos y el control del espacio. La hospitalidad al extranjero se da siempre y cuando se identifique, respete el orden local y cumpla ciertas condiciones [31].
Ambos autores señalan en la hospitalidad un dilema trágico, ya que, si se mantiene puramente incondicional, el anfitrión pierde el control de su propia casa o territorio frente al huésped. Pero si se aplican demasiadas condiciones y fronteras, la hospitalidad se pervierte y se convierte en un mecanismo de exclusión armada o política. Depende de nosotros transitar esa irreductible tensión sin perder la mirada humana al semejante.
Reflexiones finales
Posterior al fallecimiento de Papusza, su figura fue reivindicada por nuevas generaciones. En su casa de Gorzów Wielkopolski existe una placa y una estatua conmemorativa. En 2013, los directores Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze filmaron Papusza, una biografía en blanco y negro con una exquisita fotografía, además de su banda sonora con acordeones, guitarras, violines y canciones gitanas que ambientan el desgarrador camino que esta mujer atravesó con su acto po-ético (Argüello Valenzuela, 2025). Cada 8 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Romaní, recordando el Primer Congreso Mundial en Londres el 8 de abril de 1971, donde se instituyeron la bandera e himno romaní. La bandera es azul por el cielo, verde por los campos y con una rueda de carro roja en el centro, representando el camino desde la India hacia la libertad. El himno romaní, Gelem, gelem (Anduve, anduve) recuerda a los damnificados por el nazismo. Actualmente, sigue la lucha por una nación y ampliación en términos de conquista de derechos [32].
El legado de Papusza es digno de ser conocido y divulgado. Sin duda, su vida fue una lucha para cumplir con su vocación de poetisa, a pesar de los obstáculos que debió enfrentar. Tuvo la valentía para narrar las atrocidades que vivió su pueblo durante la guerra de la que fue testigo. Nunca decayó su esperanza de que se concretara, algún día, la unión fraternal entre sus pares.
Flyer del film Papusza (2013) de Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze (Fuente: Amazon Prime Video)
Monumento a Papusza en Gorzów Wielkopolski (Fuente: Wikimedia Commons)
Notas al pie
[1] Buscarini, Carlos Antonio (2025). La corporalidad y el habitar según la cultura. XVII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXXII Jornadas de Investigación. XXI Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. VII Encuentro de Investigación de Terapia Ocupacional. VII Encuentro de Musicoterapia. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. https://www.aacademica.org/000-004/43
[2] Argüello Valenzuela, Aldana (2025). Papusza, una po-ética gitana: entre la condena y la libertad. XVII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXXII Jornadas de Investigación. XXI Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. VII Encuentro de Investigación de Terapia Ocupacional. VII Encuentro de Musicoterapia. Facultad de Psicología –
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. https://www.aacademica.org/000-004/39
[3] Melissa Cicchetti, Papusza: Poetisa, gitana y feminista. En Carmen Rivero Iglesias (Ed.), Deconstruyendo narrativas de subordinación: la crítica feminista del humanismo clásico, Madrid, Editorial Dykinson, 2023, pp. 73-83.
[4] Edmund Husserl, La filosofía en la crisis de la humanidad europea, en La filosofía como ciencia estricta, Buenos Aires, Nova, 1962, p.104 (cursiva nuestra).
[5] Papusza, El bosque, mi padre, Madrid, Torremozas, 2019, p. 45.
[6] Paul Ricoeur, Arquitectura y narratividad. Arquitectonis. Barcelona. Universitat Politécnica de Catalunya, 2002, p. 16.
[7] Jules Bloch, Los gitanos, Buenos Aires, EUDEBA, 1962, p. 26.
[8] Myriam Novitch, El exterminio planificado por los nazis, El Correo de la UNESCO, Año XXXVII, 1984, p. 24.
[9] Alfredo García Francés, La noche de los gitanos, Adhara, Granada, 2012, p. 30.
[10] Papusza, El bosque, mi padre, cit, p. 43.
[11] Jules Bloch, Los gitanos, cit., p. 26.
[12] Maurice Merleau-Ponty, Fenomenología de la percepción, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1984, p. 89.
[13] Papusza, El bosque, mi padre, cit., p. 45.
[14] María Zambrano, Claros del bosque, Barcelona, Seix Barral, 1986, p. 5.
[15] Edmund Husserl, Investigaciones lógicas, Madrid, Revista de Occidente, pp. 506, 507.
[16] Martin Heidegger, Conferencias y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994 p. 163.
[17] Martin Heidegger, Conferencias y artículos, cit., pp. 164-167.
[18] Martin Heidegger, ¿Qué es eso de filosofía?, Buenos Aires, Sur, 1960, pp. 58-59. La cita es del poema de Hölderlin, Patmos, vv. 12-13.
[19] Friedrich Hölderlin, Poesía completa, Barcelona, Ediciones 29, 1995, Pan y vino, 7, p. 321.
[20] Sigmund Freud, El creador literario y el fantaseo, en Obras completas, Vol 9, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, p. 127.
[21] Id., p. 128.
[22] Sigmund Freud, Duelo y melancolía, en Obras completas, Vol 14, Buenos Aires, Amorrortu, 1993, pp. 241, 243 y 244.
[23] Jean Laplanche, & Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de psicoanálisis. Barcelona, Paidós, 1996, p. 415.
[24] Isabel Fonseca, Enterradme de pie, Barcelona, Anagrama, 2009, p. 12.
[25] Papusza, El bosque, mi padre, cit., p. 79.
[26] Jacques Lacan, Acerca de la causalidad psíquica, Escritos 1, pp. 117-118.
[27] Elsa Ballanfat, La danza en Heidegger, México, Fractal, 2021, N° 94, p. 4.
[28] Gerald Barry, Los Gitanos. Un pueblo errante desde hace dos mil años. El Correo de la UNESCO, 1958, Año II N° 4, p. 7.
[29] Isabel Fonseca, Enterradme de pie, cit., p. 11.
[30] Edmund Husserl, Zur Phänomenologie der Intersubjektivität. Husserliana XIV, Den Haag, Nijhoff, 1973, p.166.
[31] Jacques Derrida y Anne Dufourmantelle, La hospitalidad, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2000, p. 81.
[32] Aldana Argüello Valenzuela, Papusza, una po-ética gitana: entre la condena y la libertad, cit., p. 11.
Referencias bibliográficas
Argüello Valenzuela, Aldana (2025). Papusza, una po-ética gitana: entre la condena y
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Telewizja Polska – Agencja Filmowa; Studio Filmowe KADR.